jueves, 16 de junio de 2011

Paralelismos en la Historia

¡Ya estoy de vuelta! Hoy quiero compartir con vosotros una reflexión que tuve al leer  un artículo sobre el papel que ha adoptado Arabia Saudí en las revueltas árabes. Al leerlo no pude dejar de tener una cierta sensación de déjà vu y es que no cesaba de ver paralelismos entre lo que está pasando ahora y la Historia moderna de Occidente. 

1789 marcó el inicio en Europa de una época muy agitada y convulsa en la que se fueron produciendo sucesivas oleadas revolucionarias y que, en mi opinión, no concluyó hasta 1917 con la caída del zar ruso, último de los regímenes absolutistas. Las revoluciones de Túnez y Egipto y sus efectos, su contagio a otros países árabes, me traen a la mente una y otra vez la imagen de los revolucionarios franceses y del posterior imperio napoleónico difundiendo por una Europa fuertemente arraigada en el Antiguo Régimen las nuevas e incendiarias ideas de la revolución. Las grandes potencias conservadoras de la época (Austria, Rusia y, en menor medida, Prusia) se sintieron amenazadas por esos nuevos ideales y trataron de hacer todo lo posible para evitar su avance. Es más, derrotado Napoleón, intentaron acabar con  toda huella de la revolución y sus ideas durante la llamada Restauración. Salvando las distancias, eso mismo está tratando de hacer ahora Arabia Saudí, ayudando a sofocar las protestas y buscando apoyos y alianzas, al igual que hiciera en su momento la Rusia zarista al proponer la creación de la Santa Alianza. Al igual que el Zar en aquel entonces, la monarquía saudí es quien más tiene que perder en caso de que la revolución se contagie a su territorio y de que triunfe.

Antes de que nadie alguien empiece a tirarme tiestos a la cabeza, tengo que reconocer que son muchas las diferencias existentes entre lo que ocurrió en Europa en el siglo XIX y lo que está ocurriendo hoy día en el mundo árabe. Para empezar, en aquella época sólo existía Europa y con ello quiero decir que esas revoluciones se estaban produciendo en el seno de las naciones más poderosas del mundo en su momento. Hoy, los revolucionarios pueden contar con el apoyo de poderosos aliados que hagan muy difícil la labor de los contrarrevolucionarios. Es decir, Arabia Saudí no habría podido enviar a los 100.000 Hijos de Alá, por poner un ejemplo, para sofocar las protestas en Egipto. Ninguna potencia occidental se lo habría permitido (aunque sí que ha enviado soldados a Bahréin). Otra gran diferencia es que entonces la ideas revolucionarias se expandieron mediante la exportación de la revolución o, en otras palabras, mediante las campañas bélicas de Napoleón contra los imperios europeos. Hoy día las ideas han viajado de una forma más pacífica y más rápida a través de Internet. Por último, otra gran diferencia es que hoy día queremos que los cambios cristalicen de un día para otro y que los nuevos regímenes democráticos se consoliden de la noche a la mañana. En Europa hicieron falta más de 100 años y una guerra mundial para conseguir que el feudalismo desapareciera de todo su territorio.

En conclusión, aunque sea en diferentes escenarios y con diferentes actores, la Historia se repite una y otra vez, porque tan arraigado está en el ser humano el deseo de ser libres como el deseo de dominar a los otros y mientras eso siga siendo así siempre habrá revolucionarios y contrarrevolucionarios.

PD: a partir de la semana que viene y a fin de no volveros locos a quienes seguís este blog, intentaré que la periodicidad con la que publico entradas en el post sea lunes, miércoles y viernes. Obviamente si ocurre algo importante en el escenario internacional que así lo requiera, le dedicaré una entrada con independencia del día de la semana que sea.

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