martes, 17 de abril de 2012

No llores por mí...

Y, finalmente, Argentina se atrevió a dar el zarpazo a España. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué ahora?

La respuesta oficial a la primera pregunta es que la falta de inversiones de Repsol en su filial ha obligado a Argentina a importar petróleo en los últimos años. Pero esta excusa apenas logra esconder el populismo que encierra la medida y la necesidad de la presidenta argentina de apuntarse una pequeña victoria que le disimule el amargor de no haber conseguido apoyos en sus pretensiones sobre las Malvinas ahora que se han cumplido treinta años de la guerra contra Gran Bretaña.

Pero lo que me preocupa realmente es la respuesta a la segunda pregunta ¿por qué en este momento? Simple, por la imagen de fragilidad que transmite España, la misma que un púgil al que le llueven los golpes y vaga por el cuadrilátero, incomprensiblemente en pie, esperando oír la campana que le dé un respiro.

Repsol es uno de los buques insignia de España y con la nacionalización de YPF Argentina acaba de lanzar un torpedo contra su línea de flotación. La situación es grave y el gobierno español debe actuar con firmeza en todos los frentes, empezando por el jurídico -ya que con esta acción Argentina está violando el Acuerdo de Promoción y Protección Recíproca de Inversiones (APPRI)- y siguiendo por la ofensiva política y diplomática, ya que España sigue teniendo muchos intereses en la zona -telefonía, bancos, pesca, etc.- que pueden verse amenazados (de hecho, la presidenta argentina ya ha puesto en el punto de mira a Telefónica). También, el apoyo internacional que reciba España estos momentos puede ser considerado un buen termómetro para evaluar cuánto peso hemos, o no, perdido en la esfera internacional.

En la próxima entrada (el martes que viene) intentaré analizar los riesgos que ha asumido el país sudamericano con esta osada acción y las distintas opciones de actuación para España.

PS: saludos a todos. Me alegra haber vuelto.

miércoles, 6 de julio de 2011

Aviso

¡Hola a todos!

Como habréis notado, últimamente tengo el blog un poco abandonado. El motivo es que he entrado en Extenda y ahora estoy haciendo un curso on-line que me tiene bastante ocupado. Espero poder retomar el blog cuando acabe este curso (a partir del 27 de julio). Hasta entonces, tendréis que disculparme.

Un saludo

lunes, 20 de junio de 2011

¿Qué le pasa a Europa?

Europa, esa extensión de tierra que se extiende desde los Urales hacia el oeste para precipitarse en el Atlántico y en el Mediterráneo; cuna de los mayores imperios que ha conocido la Historia y madre del pensamiento y de la civilización occidental. Punto de encuentro y choque de naciones y escenario durante milenios de cruentas batallas. El Viejo Mundo. Europa es una realidad tan vasta y compleja como la Humanidad misma. Intentar dar una respuesta a la pregunta que hace las veces de título de este post sería una labor para toda una vida, por ello es necesario acotarla.

En la serie de entradas que inicio hoy voy a tratar de explicar qué está sucediendo en la UE, que, aunque muy importante, es sólo una fracción de esa compleja realidad europea. Analizaré cuestiones como los rescates financieros, las ampliaciones, los retos que afronta el proceso de integración, el euro-escepticismo, etc. Todo con el objeto de dar una imagen lo más fiel y cercana posible (dentro de mis muchas limitaciones) de los problemas que acucian a la Unión, de cómo se ha llegado a ellos y de las perspectivas de futuro que tenemos .

Hoy para comenzar, y pensando sobre todo en quienes no estéis demasiado familiarizados con las cuestiones europeas, voy a intentar ofrecer una síntesis de la actualidad de la UE:

La Unión Europea es el resultado de un proceso de integración único en el mundo. ¿Qué es lo que lo que lo caracteriza y diferencia? La cesión de una parte de las competencias soberanas de los Estados que la integran a la Unión. Más adelante, en otro post, hablaré de la historia del proceso de integración europea para que podamos entender dónde estamos. Por ahora baste decir que actualmente forman la UE 27 Estados, aunque no todos están en el mismo nivel de integración. A la unión monetaria, es decir, al Euro sólo pertenecen 17 de ellos y, últimamente, tres (Grecia, Irlanda y Portugal) han tenido tales problemas con su deuda soberana que han tenido que ser rescatados (al menos sobre el papel). A pesar de estos problemas financieros, la Unión Europea sigue siendo el mayor bloque comercial del mundo, aunque desde hace tiempo todas las previsiones auguran la pérdida de esta posición  a favor  de las nuevas potencias económicas, en especial de China.

El funcionamiento de la UE descansa en sus instituciones: el Parlamento, el Consejo de la UE, el Consejo Europeo, la Comisión, el Tribunal de Cuentas, el Tribunal  de Justicia de la UE, el Comité Económico y Social y el Banco Central Europeo, amén de en otros muchos organismos. A todo este entramado administrativo le dan vida sus más de treinta y dos mil funcionarios. Todo un aparato burocrático que ha generado uno de los principales problemas a los que se enfrenta hoy día la Unión: la desconexión con sus ciudadanos, que la perciben como algo extremadamente distante y complejo (o, simplemente, incomprensible), un nido de tecnócratas ajenos a los problemas diarios de la gente de a pie. Esta percepción, unida a la crisis económica ha favorecido a una corriente de pensamiento anti europeísta (o, al menos, euro-escéptica) que se ha ido colando en los gobiernos de algunos Estados miembros.

En resumen, la Unión Europea, el más exitoso experimento de integración regional, actualmente no atraviesa su mejor momento. Tiene que hacer frente a retos tan serios como las dificultades financieras de algunos de sus miembros que están poniendo en peligro la existencia misma del Euro; la pérdida de competitividad y de su liderazgo comercial en el mundo; la tensiones internas que han supuesto las últimas ampliaciones; el desapego de una ciudadanía que no se siente parte de la construcción europea y la aparente falta de voluntad política de profundizar en el proceso de integración.

En próximas entradas del blog hablaré, como he dicho antes, del camino que ha seguido la formación de la UE, de las etapas que ha vivido y de cómo se ha ido llegando a los problemas que he enunciado en el párrafo anterior. Espero que os resulte interesante.

jueves, 16 de junio de 2011

Paralelismos en la Historia

¡Ya estoy de vuelta! Hoy quiero compartir con vosotros una reflexión que tuve al leer  un artículo sobre el papel que ha adoptado Arabia Saudí en las revueltas árabes. Al leerlo no pude dejar de tener una cierta sensación de déjà vu y es que no cesaba de ver paralelismos entre lo que está pasando ahora y la Historia moderna de Occidente. 

1789 marcó el inicio en Europa de una época muy agitada y convulsa en la que se fueron produciendo sucesivas oleadas revolucionarias y que, en mi opinión, no concluyó hasta 1917 con la caída del zar ruso, último de los regímenes absolutistas. Las revoluciones de Túnez y Egipto y sus efectos, su contagio a otros países árabes, me traen a la mente una y otra vez la imagen de los revolucionarios franceses y del posterior imperio napoleónico difundiendo por una Europa fuertemente arraigada en el Antiguo Régimen las nuevas e incendiarias ideas de la revolución. Las grandes potencias conservadoras de la época (Austria, Rusia y, en menor medida, Prusia) se sintieron amenazadas por esos nuevos ideales y trataron de hacer todo lo posible para evitar su avance. Es más, derrotado Napoleón, intentaron acabar con  toda huella de la revolución y sus ideas durante la llamada Restauración. Salvando las distancias, eso mismo está tratando de hacer ahora Arabia Saudí, ayudando a sofocar las protestas y buscando apoyos y alianzas, al igual que hiciera en su momento la Rusia zarista al proponer la creación de la Santa Alianza. Al igual que el Zar en aquel entonces, la monarquía saudí es quien más tiene que perder en caso de que la revolución se contagie a su territorio y de que triunfe.

Antes de que nadie alguien empiece a tirarme tiestos a la cabeza, tengo que reconocer que son muchas las diferencias existentes entre lo que ocurrió en Europa en el siglo XIX y lo que está ocurriendo hoy día en el mundo árabe. Para empezar, en aquella época sólo existía Europa y con ello quiero decir que esas revoluciones se estaban produciendo en el seno de las naciones más poderosas del mundo en su momento. Hoy, los revolucionarios pueden contar con el apoyo de poderosos aliados que hagan muy difícil la labor de los contrarrevolucionarios. Es decir, Arabia Saudí no habría podido enviar a los 100.000 Hijos de Alá, por poner un ejemplo, para sofocar las protestas en Egipto. Ninguna potencia occidental se lo habría permitido (aunque sí que ha enviado soldados a Bahréin). Otra gran diferencia es que entonces la ideas revolucionarias se expandieron mediante la exportación de la revolución o, en otras palabras, mediante las campañas bélicas de Napoleón contra los imperios europeos. Hoy día las ideas han viajado de una forma más pacífica y más rápida a través de Internet. Por último, otra gran diferencia es que hoy día queremos que los cambios cristalicen de un día para otro y que los nuevos regímenes democráticos se consoliden de la noche a la mañana. En Europa hicieron falta más de 100 años y una guerra mundial para conseguir que el feudalismo desapareciera de todo su territorio.

En conclusión, aunque sea en diferentes escenarios y con diferentes actores, la Historia se repite una y otra vez, porque tan arraigado está en el ser humano el deseo de ser libres como el deseo de dominar a los otros y mientras eso siga siendo así siempre habrá revolucionarios y contrarrevolucionarios.

PD: a partir de la semana que viene y a fin de no volveros locos a quienes seguís este blog, intentaré que la periodicidad con la que publico entradas en el post sea lunes, miércoles y viernes. Obviamente si ocurre algo importante en el escenario internacional que así lo requiera, le dedicaré una entrada con independencia del día de la semana que sea.

jueves, 9 de junio de 2011

Nota informativa

¡Hola a todos! Últimamente tengo un poco abandonado el blog, pero es que en estos momentos estoy liado. El mundo por Zunino regresará a partir del martes próximo. Gracias por vuestra paciencia.

martes, 31 de mayo de 2011

Vallas al campo

¡Hola a todos! Regreso y lo hago con una entrada que tenía que haber publicado la semana pasada, pero que por diversos motivos al final no lo hice. El tema del que quiero hablar, internet,  ya lo toqué en el post que titulé Vox Populi y la razón para que vuelva a él reside en la especial atención que se le ha dedicado a la red durante la última reunión del G-8 en Francia.

La pasada semana, previamente a la reunión del G-8 y bajo el auspicio de Sarkozy, se reunieron en Francia algunos de los grandes gurús de internet -entre ellos el creador de Facebook- en un nuevo foro llamado eG8,  con la intención de debatir acerca de la posibilidad y la necesidad de introducir controles en la red de redes. Los resultados de estas deliberaciones fueron posteriormente presentados al G-8, que por primera vez en su historia tenía a internet en su agenda. Y es que el gran desarrollo de las tecnologías y la aparición de las redes sociales están creando nuevas dinámicas de interacción entre la gente, nuevas formas de relacionarse que van más allá de las fronteras y de los controles de los Estados. Y estos cambios sociales se están produciendo a una velocidad tan vertiginosa que a los distintos gobiernos del mundo no les da apenas tiempo de adaptarse.

Los principales motivos que esgrimen los dirigentes del G-8 (y en general todos los dirigentes del mundo estén o no en tan selecto grupo)  para querer entrar a regular el ciberespacio siguen siendo la defensa de la propiedad intelectual, la protección de la privacidad y de la intimidad y la lucha contra delitos como la pederastia o las redes terroristas que usan la red para comunicarse y coordinar sus acciones. Si bien esto es cierto, no lo es menos la preocupación que existe entre estos mismos dirigentes por que internet pueda llegar a convertirse en un universo paralelo en el que ellos ya no tengan cabida. El presidente francés manifestó de un modo muy claro esta preocupación cuando dijo en la apertura de la reunión del eG8 que "los gobiernos son los únicos representantes legítimos de la voluntad general". No quiero ahora entrar a rebatirle al señor Sarkozy que tal prerrogativa es atribuible, en todo caso, a los parlamentos nacionales y no a los gobiernos. Lo que sí haré es señalar cómo los recientes acontecimientos fraguados en las brasas de las redes sociales están poniendo a prueba la resistencia de los cimientos de nuestras sociedades (y no sólo en el plano político e institucional, también en el económico e industrial, e, incluso, en el social y personal). Las recientes revueltas en el mundo árabe y, en especial, la movilización social ocurrida en España, que ya se ha extendido a otros países europeos, han puesto de manifiesto la pregunta que se esconde tras la afirmación del presidente galo: ¿qué ocurre cuando el pueblo ya no se siente identificado con sus representantes legítimos y encuentra una forma no institucionalizada de mostrar su desacuerdo y desencanto? ¿Cómo se ha de reaccionar cuando públicamente se le ha retirado la legitimidad democrática al sistema? En este sentido, Internet ha sido como una gran pedrada en la ventana de la torre de marfil y no es de extrañar que ahora se sienta la urgencia por regular su uso y por tratar de definir qué papel han de jugar las instituciones  y los poderes de siempre en este nuevo escenario en el que, al menos por ahora, los individuos tienen voz y se hacen oír.

En conclusión, internet, sobre todo desde la aparición de las redes sociales, se ha convertido en una herramienta de transformación social muy poderosa. Quizás pueda llegar a contribuir a la creación de un nuevo modelo de democracia más directa o, al menos, a que las sociedades tengan un mayor control sobre sus dirigentes. Pero internet también tiene su lado oscuro, puesto que el hecho de que exista una mayor cantidad de información disponible no quiere decir que la gente esté mejor informada y, en este sentido, la ausencia de filtros en la red, el anonimato y la falta de contraste en las informaciones pueden dar alas a quienes quieran hacer un uso de la red con fines manipuladores.

viernes, 20 de mayo de 2011

El discurso del Presidente

Como adelanté en la entrada del martes, ayer Barack Obama desgranó en un extenso discurso cuáles van a ser los nuevos principios rectores de la política estadounidense en relación con Oriente Medio y el norte de África. Después de los recientes acontecimientos en estas zonas, la verdad es que se trataba de un discurso muy esperado . En él habló del apoyo a los movimientos democráticos en la región, de la necesidad del cambio, y de la obligación de poner fin al conflicto árabe-israelí. En cuanto a contenidos lo cierto es que no hubo demasiadas sorpresas. Así pues, ¿qué ha tenido de novedoso este discurso? En mi humilde opinión, dos han sido las novedades introducidas:

La primera la podemos encontrar  en la aproximación o el enfoque dado al tema del apoyo a los movimientos surgidos en el mundo árabe exigiendo reformas democráticas en sus países. Parece que Obama ha visto en ellos una buena oportunidad para lavar la imagen de EE. UU. y recuperar la credibilidad como Estado promotor y defensor de la democracia en el mundo. Y lo ha hecho en primer lugar afirmando que los intereses americanos no son hostiles a las esperanzas de los pueblos, o lo que es lo mismo, afirmando que no van a apoyar figuras dictatoriales aunque éstas estén a favor de los intereses políticos y estratégicos estadounidenses. En segundo lugar, reconociendo errores como Irak y afirmando que la democracia no puede venir impuesta desde fuera por la fuerza (¿estará intentando justificar de esta manera que no haya una intervención terrestre en Libia?). En tercer lugar, dando serios toques de atención a los regímenes de Yemen y de Bahrein (a pesar de que este último es la sede de la 5ª Flota norteamericana).   Y en cuarto lugar, bajando del plano de las buenas intenciones al de los hechos, anunciando una batería de ayudas financieras y de apoyo a la inversión y creación de empresas y riqueza tanto para Túnez como para Egipto.

Sin embargo, estas buenas intenciones parten ya con un déficit de credibilidad. En ningún momento Obama ha nombrado a Arabia Saudí (a no ser que tomemos las declaraciones hechas a favor del reconocimiento de la plena igualdad de derechos de la mujer como una referencia indirecta al reino saudita). Asimismo, dentro de los toques de atención dados a los regímenes de la zona, se encuentra un curioso ultimátum a Bashar al Assad, el presidente sirio, al que le ha dicho que debe escoger entre liderar la transición democrática o quitarse de en medio. No entiendo que todavía le dé una oportunidad a alguien que ya a tomado una opción clara: reprimir a su población con tanques y tiros.

La segunda novedad del discurso de Obama la encontramos en la referencia al conflicto árabe-israelí. El presidente norteamericano le ha dicho claramente a su amigo y aliado que el statu quo existente es insostenible, que es necesario iniciar (una vez más) un proceso de negociación que culmine en la creación de dos Estados y que las bases para iniciar ese diálogo han de ser, por un lado, el reconocimiento de unas fronteras que permitan la creación de un Estado palestino viable y, por otro, garantizar la seguridad de Israel. Hasta aquí nada que no hayamos oído ya. La novedad radica en que, por primera vez, EE. UU. le está diciendo a Israel que la base para negociar es su vuelta a las fronteras de 1967, lo que implica su retirada de gran parte de los territorios ahora ocupados. Obviamente, esta posición, que ya ha sido apoyada desde Europa por Francia, Alemania y Polonia, no ha sentado demasiado bien al ejecutivo hebreo que ha contestado rápidamente que las fronteras de 1967 son indefendibles. Pero no todo han sido jarros de agua fría para Israel, también ha habido para la Autoridad Nacional Palestina y es que Obama ha criticado las intenciones de su presidente, Abu Mazen, de acudir en septiembre a la ONU para tratar de proclamar de manera unilateral la creación del Estado palestino. También ha criticado el acercamiento de Al-Fatah (la organización de Abu Mazen) a Hamas, dado que estos últimos se niegan a reconocer el derecho de Israel a existir, lo cual es un obvio inconveniente para poder entablar unas negociaciones en las que uno de los puntos clave es la seguridad del Estado judío.

La presión o no que ejerza a partir de ahora la Administración estadounidense para poner, por fin, un final al conflicto entre palestinos e israelíes será un buen termómetro con el que medir la autenticidad del compromiso declarado con la democratización, la paz y la estabilidad en la zona. De momento, parece que existe la voluntad de hacer las cosas una manera distinta. Ya veremos en qué se queda.